Portalegre, en Portugal, es conocido en mayor medida por el inmenso mercadillo que instalan todos los terceros domingos de cada mes, que cuenta con más de 450 puestos. Se trata de puestos en los que se venden de todo, pero es conocido sobretodo por la ropa y complementos de numerosas marcas de prestigio conocidas por todos, que se venden en el 10% de estos puestos, pero ¿son o no falsificaciones? Esa es la cuestión.

Pendientes rebajados de 200€ a 6€ o bolsos de 500€ a 20€ son algunas de las "magnificas oportunidades" a las que podemos tener acceso en las calles de esta ciudad portuguesa aunque obviamente se trata de grandes falsificaciones. Aun así sus visitantes esperen ansiosos que llegue el día en el que este acontecimiento se celebre, que se sitúa en la carretera que va desde Campo Mayor a Portalegre, al lado del estadio de futbol.

Una vez hechas todas las compras podemos hacer un poco de turismo, aunque no es una de las grandes apuestas de la ciudad. En los últimos años han recibido la visita de tan solo unas 4.500 personas al año y esto no es de extrañar ya que el casco antiguo, a pesar de tener una bonita catedral del siglo XVI, la plaza de la catedral y algunos museos, no está muy bien conservado. Esto unido a la oferta hotelera que no es muy amplia ni variada, hace que no sea uno de los lugares mas deseados para visitar.

Lo que si merece la pena visitar es el impresionante convento de San Bernardo situado  ya en las afueras y el Castillo de Portalegre del siglo XIII que mandó construir el rey portugués Alfonso III, ubicado en una colina desde la que se puede ver el paisaje de toda la ciudad. Se caracteriza por el color marrón rojizo de sus murallas, torres y paredes que contrastan con los colores claros que reinan en todas las edificaciones de la ciudad portuguesa. De él hay destacar la torre principal de forma cuadrangular y la plaza de armas situada enfrente.

Sea por una u otra razón, para poder juzgarlo bien merece la pena darse una vuelta por esta pequeña ciudad portuguesa en la que se puede comprar, visitar sus monumentos, conocer parte de su cultura, disfrutar de sus paisajes y su gastronomía y sobretodo relacionarse con su gente.